domingo, 13 de octubre de 2013

¿Quién tiene a quién?

La voz de Julio Cortázar y su preámbulo a las instrucciones para dar cuerda a un reloj acompañan las imágenes de este anuncio. Sin embargo, es un coche, no un reloj, lo anunciado.
Cuando nos regalan un reloj, en realidad somos nosotros los regalados, puesto que el objeto nos convierte en sus siervos: el objeto necesita atención, que lo limpien, que lo engrasen, que le den cuerda... Es este el punto de conexión entre el cuento y lo anunciado. Un coche ¿nos convierte también en esclavos? En principio podríamos entender que sí, un coche necesita múltiples atenciones. 
Sin embargo, las imágenes nos van sugiriendo lo contrario, poco a poco. Un coche necesita atención (se ven imágenes limpiándolo y echándole gasolina) pero es también el que, cruzando la ciudad oscura y desagradable, a través de rondas urbanas sucias, más allá de las fábricas y las poco atractivas obras, las obligaciones, nos lleva a los espacios abiertos. Es nuestro compañero en los viajes, el fiel amigo que va con nosotros al infierno diario y a la libertad que hay más allá, en la carretera recta, abierta, iluminada por una luz de amanecer que promete, en el paisaje, otra cosa que la vida urbana gris de la que el conductor sale.

Piensa en esto: cuando te regalan un reloj te regalan un pequeño infierno florido, una cadena de rosas, un calabozo de aire. No te dan solamente el reloj, que los cumplas muy felices y esperamos que te dure porque es de buena marca, suizo con áncora de rubíes; no te regalan solamente ese menudo picapedrero que te atarás a la muñeca y pasearás contigo. Te regalan -no lo saben, lo terrible es que no lo saben-, te regalan un nuevo pedazo frágil y precario de ti mismo, algo que es tuyo pero no es tu cuerpo, que hay que atar a tu cuerpo con su correa como un bracito desesperado colgándose de tu muñeca. Te regalan la necesidad de darle cuerda todos los días, la obligación de darle cuerda para que siga siendo un reloj; te regalan la obsesión de atender a la hora exacta en las vitrinas de las joyerías, en el anuncio por la radio, en el servicio telefónico. Te regalan el miedo de perderlo, de que te lo roben, de que se te caiga al suelo y se rompa. Te regalan su marca, y la seguridad de que es una marca mejor que las otras, te regalan la tendencia de comparar tu reloj con los demás relojes. No te regalan un reloj, tú eres el regalado, a ti te ofrecen para el cumpleaños del reloj.

Discurso a los jóvenes

Ángel González (Oviedo, 1925- Madrid, 2008). Graduado en Magisterio y licenciado en Derecho, trabajó en diferentes universidades como profesor. Como poeta, los componentes que predominan a lo largo de su producción son una crítica social, un constante pesimismo, un componente irónico y la preocupación por el paso del tiempo. Recibió premios como el Reina Sofía de Poesía Iberoamericana y el Premio Príncipe de Asturias. Sus obras más destacables son Áspero mundo (1956), Sin esperanza, con convencimiento (1961), Nada grave (2008) y La primavera avanza (2009). Las dos últimas serían obras póstumas.  

De vosotros,
los jóvenes,
espero
no menos cosas grandes que las que realizaron
vuestros antepasados.
Os entrego
una herencia grandiosa:
sostenedla.
Amparad ese río
de sangre,
sujetad con segura
mano
el tronco de caballos
viejísimos,
pero aún poderosos,
que arrastran con pujanza
el fardo de los siglos
pasados.
Nosotros somos estos que aquí estamos reunidos,
y los demás no importan.
Tú, Piedra,
hijo de Pedro, nieto
de Piedra
y biznieto de Pedro,
esfuérzate
para ser siempre piedra mientras vivas,
para ser Pedro Petrificado Piedra Blanca,
para no tolerar el movimiento
para asfixiar en moldes apretados
todo lo que respira o que palpita.
A tí,
mi leal amigo,
compañero de armas,
escudero,
sostén de nuestra gloria,
joven alférez de mis escuadrones
de arcángeles vestidos de aceituna,
sé que no es necesario amonestarte:
con seguir siendo fuego y hierro,
basta.
Fuego para quemar lo que florece.
Hierro para aplastar lo que se alza.
Y finalmente,
tú, dueño
del oro y de la tierra
poderoso impulsor de nuestra vida,
no nos faltes jamás.
Sé generoso
con aquellos a los que necesitas pero guarda,
expulsa de tu reino,
mantenlos más allá de tus fronteras,
déjalos que se mueran,
si es preciso,
a los que sueñan,
a los que no buscan
más que luz y verdad,
a los que deberían ser humildes
y a veces no lo son, así es la vida.
Si alguno de vosotros
pensase
yo le diría: no pienses.
Pero no es necesario.
Seguid así,
hijos míos,
y yo os prometo
paz y patria feliz,
orden,
silencio.




Estamos ante un poema en forma de discurso escrito por Ángel González. Es una proclama a los jóvenes, a su futuro, a lo que deben ser, a lo que se espera de ellos. Con ironía, los incita a una vida anodina, a guardar las tradiciones, a vivir en el catolicismo más inmovilista (el de Pedro Petrificado), a dejarse gobernar por los militares (arcángeles vestidos de aceituna) y a vivir a expensas de lo que diga el “dueño del oro y de la tierra”.

El tono irónico del poema, que en realidad incita a todo lo contrario, es evidente, puesto que los imperativos y vocativos que incitan a obrar de una manera son a continuación vueltos del revés por otros términos: os entrego una herencia grandiosa/amparad ese río de sangre”, “ser siempre piedra/para no tolerar el movimiento”, “mi leal amigo/fuego para quemar-hierro para aplastar”, “poderosos impulsor de nuestra vida/déjalos que se mueran”. Estos, evidentemente, son solo una breve muestra de lo dicho.
Métricamente está construido en versos cortos combinados con otros de métrica más tradicional como endecasílabos o alejandrinos. Excepto en algunas ocasiones (espero/entrego, mayo/caballo...) carece de rima aunque el autor no renuncia a otro tipo de recursos que dan ritmo como paralelismos (Fuego para quemar/Hierro para aplastar). Aunque aparentemente el poema carece de ritmo, en realidad esconde uno de los tipos más tradicionales, el que da la combinación de versos de siete sílabas con endecasílabos y alejandrinos.
El poema adopta la forma de discurso: pieza oratoria que alguien de cierta autoridad pronuncia hacia un público variante del monólogo dramático.


Predomina la paranomasia, palabras que se parecen en significante pero se diferencian en significado (esfuérzate para ser de piedra mientras vivas, para ser Pedro Petrificado Piedra Blanca, para no tolerar el movimiento para asfixiar en moldes apretados todo lo que respira o que palpita). Hay paranomasia y aliteración para dar una sensación de fuerzas. El autor se dirige a la iglesia con la metáfora de la piedra. La Iglesia fue fundada por Pedro, nombre que procede de piedra. Jesús le dijo al apóstol que después conoceremos como Pedro: tú serás Pedro y sobre esta piedra levantaré mi iglesia. Por otro lado, la piedra es la metáfora de lo permanente, lo inmortal, que aguanta cualquier inclemencia y se sostiene. La iglesia es la piedra que sostiene una moral estricta y opresora.
“a ti” (joven alférez de mis escuadrones de arcángeles vestidos de aceituna, sé que no es necesario amonestarte: con seguir siendo fuego y hierro, basta. Fuego para quemar lo que florece. Hierro para aplastar lo que se alza). Representa al ejército y la falange, que aportó retórica, bandera, desfiles a la dictadura franquista.
El tercer interlocutor (dueño oro y tierra poderoso impulsor de nuestra vida, no nos faltes jamás) son los capitalistas, banqueros, terratenientes (poderes económicos y fácticos de la época).
La persona que habla es, en principio, un jerarca franquista, un político del régimen, pero pequeños detalles nos permiten separar al orador del régimen (hablante del poema) del que lo escribe (autor del poema). Ángel González es conocido que es una persona de izquierdas y antifranquista. Es un poema irónico: aparentemente elogia los valores del franquismo, pero se entiende que lo está criticando. Esta doble lectura es lo que permitía a muchos escritores, cantantes e intelectuales en general sortear la censura de la época.

sábado, 12 de octubre de 2013

Conferencia de Rosa Navarro

El pasado miércoles 9 de octubre de 2013, en el Aula Magana del Edificio Histórico de la Universidad de Oviedo, Rosa Navarro Durán ofreció una conferencia bajo el título “Anónimos con nombre y apellido”. Presentó a la conferenciante el profesor José Luis García Martín.
La doctora Rosa Navarro ha dedicado sus últimos años a indagar en la autoría de obras hasta el momento consideradas anónimas. Gracias a sus investigaciones ha conseguido atribuir a Alfonso de Valdés una obra tan importante como El Lazarillo de Tormes.
La conferencia del pasado miércoles se centró en la atribución de dos obras: en primer lugar la Fábula de Alfeo y Aretusa y en segundo lugar la novela de caballerías Curial y Güelfa.
La primera es un poema de casi mil versos que Gerardo Diego encontró en 1919 en la bilbioteca de Menéndez Pelayo y al que le faltan las dos primeras hojas, por lo que no aparecía en el manuscrito ni autor ni título. Gerardo Diego  lo transcribió pero no llegó a publicarlo. Investigando el poema, Navarro Durán llega a la conclusión de que el autor es el poeta granadino Soto de Rojas. Curiosamente, aparte de cuestiones de estilo, la prueba más concluyente para esta atribución es un error. En el texto el autor habla del río Arimaspo, que transporta arenas doradas. No es la única vez que lo hace, en otros poemas suyos también lo menciona. Pero es que Arimaspo no es un río, sino una localidad en la que sus habitantes se dedican a buscar oro.
Pasando a la novela de caballerías, es una obra “descubierta” por Milá y Fontanals en 1876. Ofrece un tema caballeresco que el propio Milá data en el siglo XV y que actualmente se guarda en la Biblioteca Nacional.  Durante más de cien años, los eruditos dieron por bueno lo dicho por Milá y Fontanals, a pesar de las paradojas que encierra la obra. En primer lugar, la obra posee un catalán asombrosamente moderno, más propio del siglo XIX que del XV. En segundo lugar, los nombres de los protagonistas son llamativos: los güelfos eran los partidarios del papa y es altamente improbable que nadie llamara de esta manera a una hija suya; y Curial se parece sospechosamente al  nombre de un general de Napoleón que sitió Barcelona.  Por último, no tenemos noticia alguna de esta obra antes de que Milá i Fontanals la sacase a la luz: nadie la menciona ni hace referencia alguna.
Todo parece indicar que se trata de una falsificación y que el autor es el propio Milá i Fontanals, ansioso por dar lustre a la literatura catalana en plena época de Renaiçensa con esta obra. Según Navarro Durán, la prueba definitiva de esta falsificación se podría obtener si los responsables de la Biblioteca Nacional, lugar donde se encuentra el único ejemplar de la obra, se aviniesen a hacer un estudio del grafito usado para el marcado. Según ella se trata de un tipo que no se empezó a usar hasta el siglo XVIII, lo que evidenciaría todo lo anteriormente dicho.

El cartel publicitario empleado para la conferencia se adecua al contenido de la misma. Se hace un juego visual en el que el término "anónimos" se esconde detrás de la cubierta del libro dibujado, mientras que "con nombres y apellidos" queda dentro de esta, destacado y perfectamente visible. Esto es un reflejo de que las obras de las que se va a hablar en la conferencia ya no son anónimas, como se había creído durante mucho tiempo, sino que actualmente son obras de autores "con nombre y apellido".

viernes, 11 de octubre de 2013

El discurso ideológico después de la guerra civil

La guerra civil española se libró tanto en el campo de la batalla como en el propagandístico.
La religión, la tradición y el orden eran los argumentos de los sublevados. La justicia social y la defensa del sistema político establecido, los de los republicanos.

Cada bando tenía sus escritores que defendían las ideas antedichas mediante poemas o novelas. Desde el bando republicano, por ejemplo, Miguel Hernández pedía a los españoles que lucharan por su libertad en el poema “Viento
s del pueblo”, hecho para alentar a soldados.
Dentro del bando de los sublevados José María Pemán, defensor de la tradición española, en su poema de "la Bestia y el Ángel", identifica a los republicanos con la bestia y a los sublevados con los ángeles.
La expulsión de los judíos en 1492 y los motivos de los Reyes Católicos para firmar esta expulsión es el eje de este poema. El decreto de los reyes tuvo consecuencias, según el poeta, tanto en España como en otros lugares pues una parte se convirtieron al cristianismo, pero solo de palabra, siendo, entonces, conspiradores internos contra la verdadera fe, cambiaron de religión pero no de cultura (Santa Teresa de Jesús, Fernando de Rojas); otros se exiliaron, los sefarditas, por Portugal, Holanda y África, adoptando como lengua familiar el castellano y formando comunidades poderosas, siempre particulares por su apego a sus costumbres y religión. Este apego era aún peor entendido puesto que los obligaba a vivir con determinadas restricciones (no podían poseer inmuebles, por ejemplo) y a dedicarse a determinados oficios muy mal vistos, como el prestamismo.
Esta negativa a integrarse en los lugares donde habitaban siempre les trajo los odios de sus vecinos, aunque ninguna persecución como la que vivieron el la Alemania hitleriana.
Algunos han visto en el poema de Pemán una justificación del comportamiento de Hitler hacia los judíos. El dictador alemán no haría otra cosa que lo que ya había hecho Isabel la Católica en otros tiempos.

A orillas del Duero

Mediaba el mes de julio. Era un hermoso día.
Yo, solo, por las quiebras del pedregal subía,
buscando los recodos de sombra, lentamente.
A trechos me paraba para enjugar mi frente
y dar algún respiro al pecho jadeante;
o bien, ahincando el paso, el cuerpo hacia adelante
y hacia la mano diestra vencido y apoyado
en un bastón, a guisa de pastoril cayado,
trepaba por los cerros que habitan las rapaces
aves de altura, hollando las hierbas montaraces
de fuerte olor —romero, tomillo, salvia, espliego—.
Sobre los agrios campos caía un sol de fuego.
      Un buitre de anchas alas con majestuoso vuelo
cruzaba solitario el puro azul del cielo.
Yo divisaba, lejos, un monte alto y agudo,
y una redonda loma cual recamado escudo,
y cárdenos alcores sobre la parda tierra
—harapos esparcidos de un viejo arnés de guerra—,
las serrezuelas calvas por donde tuerce el Duero
para formar la corva ballesta de un arquero
en torno a Soria. —Soria es una barbacana,
hacia Aragón, que tiene la torre castellana—.
Veía el horizonte cerrado por colinas
oscuras, coronadas de robles y de encinas;
desnudos peñascales, algún humilde prado
donde el merino pace y el toro, arrodillado
sobre la hierba, rumia; las márgenes de río
lucir sus verdes álamos al claro sol de estío,
y, silenciosamente, lejanos pasajeros,
¡tan diminutos! —carros, jinetes y arrieros—,
cruzar el largo puente, y bajo las arcadas
de piedra ensombrecerse las aguas plateadas
del Duero.
      El Duero cruza el corazón de roble
de Iberia y de Castilla.
            ¡Oh, tierra triste y noble,
la de los altos llanos y yermos y roquedas,
de campos sin arados, regatos ni arboledas;
decrépitas ciudades, caminos sin mesones,
y atónitos palurdos sin danzas ni canciones
que aún van, abandonando el mortecino hogar,
como tus largos ríos, Castilla, hacia la mar!
      Castilla miserable, ayer dominadora,
envuelta en sus andrajos desprecia cuanto ignora.
¿Espera, duerme o sueña? ¿La sangre derramada
recuerda, cuando tuvo la fiebre de la espada?
Todo se mueve, fluye, discurre, corre o gira;
cambian la mar y el monte y el ojo que los mira.
¿Pasó?  Sobre sus campos aún el fantasma yerta
de un pueblo que ponía a Dios sobre la guerra.
      La madre en otro tiempo fecunda en capitanes,
madrastra es hoy apenas de humildes ganapanes.
Castilla no es aquella tan generosa un día,
cuando Myo Cid Rodrigo el de Vivar volvía,
ufano de su nueva fortuna, y su opulencia,
a regalar a Alfonso los huertos de Valencia;
o que, tras la aventura que acreditó sus bríos,
pedía la conquista de los inmensos ríos
indianos a la corte, la madre de soldados,
guerreros y adalides que han de tornar, cargados
de plata y oro, a España, en regios galeones,
para la presa cuervos, para la lid leones.
Filósofos nutridos de sopa de convento
contemplan impasibles el amplio firmamento;
y si les llega en sueños, como un rumor distante,
clamor de mercaderes de muelles de Levante,
no acudirán siquiera a preguntar ¿qué pasa?
Y ya la guerra ha abierto las puertas de su casa.
      Castilla miserable, ayer dominadora,
envuelta en sus harapos desprecia cuanto ignora.
      El sol va declinando. De la ciudad lejana
me llega un armonioso tañido de campana
—ya irán a su rosario las enlutadas viejas—.
De entre las peñas salen dos lindas comadrejas;
me miran y se alejan, huyendo, y aparecen
de nuevo, ¡tan curiosas!... Los campos se obscurecen.
Hacia el camino blanco está el mesón abierto
al campo ensombrecido y al pedregal desierto.

Estamos ante un poema de Antonio Machado titulado “A orillas del Duero” perteneciente a la obra Campos de Castilla. En la primera parte del poema predomina la primera persona y más adelante ya tenemos un poema contado en tercera persona. Hay un claro predominio del prosaísmo y más que un poema parece una narración. A lo largo del poema, con versos alejandrinos de rima consonante en pareado, Machado hace una descripción realista sobre lo que ve, hace una descripción detallada de Castilla y, en concreto, de Soria, que es una de las ciudades españolas donde pasa el río Duero junto con Zamora.
Con una continua enfatización va narrando todo lo que ve (animales, montañas, árboles, ríos, carros). Hace, al mismo tiempo, una comparación de la Castilla potente en tiempos del Cid, plagada de grandes conquistas, con el tiempo en el que se escribe este poema, poco después del desastre de 1898, donde el Imperio español pierde sus últimas colonias. Es, por lo tanto, un poema regeneracionista, con el objetivo de mostrar la situación de la España de la época para mejorarla.
Es un poema que tiene 100 años, lo cual está mostrado en la ortografía del poema: se acentúa la preposición “a” o la preposición “o”, no se acentúan los hiatos, se acentúan palabras agudas acabadas en consonante distinta de –n o –s o se escribe la palabra majestuoso con el grafema /g/ en lugar de /j/.

Relaciones entre el discurso publicitario y literario a través de la historia

Al hablar de la relación entre publicidad y literatura a lo largo de la historia habría, primero, que acordar qué se entiende por publicidad, puesto que, actualmente, está asociada a la publicidad comercial, es decir,  a la difusión productos para facilitar su venta.
La publicidad comercial aparece en el siglo XIX con los medios de comunicación de masas (radio, televisión, periódicos...). Antes de esta época, no podemos hablar de publicidad, sino de propaganda.
La propaganda es de origen religioso, es un sistema de propagación de la fe. Se empleó también en política, como medio de difundir las virtudes de un líder o un rey desde tiempos muy antiguos.
En la Edad Media, el arte tuvo un gran componente propagandístico. La literatura, por ejemplo, tuvo una función publicitaria, de propaganda, evidente. La vida de santos y los milagros de la Virgen fueron utilizados por Gonzalo de Berceo para beneficiar al monasterio de san Millán no solo como lugar religioso, también económicamente. 


Desde antiguo, ha habido obras que cantaban la gloria de una familia noble. Tenían, evidentemente, además de otros, valor propagandístico. La Eneida de Virgilio pretendía emular a las obras de Homero, pero también elevar a categoría de descendiente de dioses al emperador Octavio. El héroe de la obra es Eneas, padre de Julo, fundador de la gens Julia, a la que pertenece Octavio. Eneas es un troyano hijo de la diosa Venus. De esta manera, Octavio pasa a ser descendiente de dioses y de troyanos, una genealogía incomparable para el primero de los emperadores romanos y que justificaba el por qué estaba llamado a serlo.
Desde que Carlos Marx expusiera sus teorías, una pléyade de escritores, en poesía y en novela, trataron de plasmar sus ideas en obras literarias. El triunfo de la revolución soviética hizo de este tipo de literatura la oficial en la URSS a partir de 1917. Hasta que en 1989 los estados socialistas fueron cayendo uno tras otro, se impuso en ellos un tipo de literatura propagandística sobre la lucha del proletariado. Escritores a sueldo del Estado hacían esta labor, aunque los lectores no fuesen conscientes de que eran "obras por encargo", obras propagandísticas a mayor gloria del régimen.


jueves, 3 de octubre de 2013

Ribérate

Estamos ante dos anuncios de la misma campaña publicitaria. Ambos anuncios tienen la misma estructura visual: una gran imagen de fondo, un término que contrasta con la imagen y que se quiere asociar al tema central de la campaña, la “Denominación de origen” y un texto más extenso que sintetiza imagen y eslogan aparantemente contradictorio. Los dos anuncios terminan con el tema central de la campaña en versión extendida: Ruta del Vino Ribera del Duero, la ruta de las Sensaciones con Denominación de origen.

En el primero de los dos anuncios se contrapone el término “belleza” con la foto de una anciana. En las sociedades actuales (y también en las antiguas, por otra parte) belleza humana suele ir ligada a juventud. Según la convención, una persona joven puede ser bella, pero no una anciana. Se trata, obviamente, de pura belleza física. El contraste anciana/belleza se explica en el texto. No se está hablando de belleza física, sino de la auténtica belleza, la interior, la que se ve no con la mirada de los ojos, sino con la del entendimiento y el alma. La gente de la Ribera del Duero es bella porque es amable, generosa, entrañable, natural, auténtica, igual que la tierra en la que viven.

En el segundo de los anuncios la contraposición es entre unas manos mostrando uvas y la palabra “poesía”. En principio, el término poesía se refiere a un tipo de construcción literaria y su atribución a otros menesteres, como la recogida de la uva, no se puede considerar otra cosa que una metáfora similar a cuando se habla de poesía en una fotografía, un cuadro o una composición musical. El texto explicativo lo que hace es unir la cosecha de la uva y la poesía a través del trabajo de elaboración de ambas y del interés, dedicación, esfuerzo y amor que, se supone, ambas labores necesitan para ofrecer un buen producto. Cosecha, manos artesanas, gastronomía e historia dan un paladar exquisito que embriaga de sensaciones, igual que el buen trabajo, la pericia, el buen gusto y la historia dan un poema excepcional que embriaga de sensaciones. De esta manera, otra vez, los elementos contradictorios se fusionan.
Por último, no sobraría señalar que ambos anuncios difieren también en la percepción de qué se vende. Si lo que se pretende vender es vino, el segundo es más convencional y más ligado al producto que el primero. Pero no es solo vino lo que se vende con esta campaña, se vende también la zona de producción de esta denominación de origen como destino turístico donde conocer la tradición, la esencia, las raíces. En este sentido es el primero de los anuncios el más ligado al producto que el segundo.